La balanza de pagos de Uruguay, al cierre del segundo trimestre de 2025, exhibe una mejora significativa en su posición externa, con un déficit de cuenta corriente que se ha reducido notablemente, estabilizándose en torno al -1.0% del PIB. Esta evolución favorable es el resultado de una dinámica compleja en los principales componentes del sector externo.
El déficit de cuenta corriente, que había alcanzado niveles cercanos al -3.9% del PIB en el tercer trimestre de 2023, ha mostrado una tendencia decreciente, situándose en -1.0% al 30 de junio de 2025. Este ajuste se explica, en parte, por el comportamiento del balance de bienes y servicios. Si bien el balance de bienes y servicios experimentó fluctuaciones, pasando de un superávit de 6.6% en el tercer trimestre de 2022 a un mínimo de 3.5% en el tercer trimestre de 2023, ha recuperado impulso para ubicarse en 4.8% en el último período. Dentro de este, las exportaciones de bienes, que habían caído de 27.2% en 2022 a 19.5% en 2024, se mantienen estables en 20.1%, mientras que las importaciones de bienes también han descendido, lo que contribuye al superávit. Destaca, además, el desempeño de las exportaciones de servicios, las cuales han mostrado una trayectoria ascendente, pasando de 8.3% a 9.4% del PIB en el mismo lapso, lo que denota la resiliencia y el crecimiento de este sector en la economía uruguaya. Por el lado de los ingresos, el componente de ingreso primario sigue siendo estructuralmente deficitario, reflejando principalmente las remesas de utilidades e intereses al exterior. No obstante, se observa una moderación de este déficit, que disminuyó de -9.7% en 2022 a -6.1% en el segundo trimestre de 2025, aliviando parte de la presión sobre la cuenta corriente.
La financiación del déficit de cuenta corriente se ha visto facilitada por una mejora sustancial en la cuenta financiera. Este indicador, que refleja los flujos de capital, pasó de un déficit de -2.4% del PIB a un equilibrio relativo, situándose en -1.0% al cierre del último período. Un elemento clave en esta dinámica es la evolución del balance de inversión directa. Tras registrar saldos negativos significativos entre -4.0% y -5.3% del PIB hasta septiembre de 2023, el balance de inversión directa experimentó un giro notable, registrando superávits de 3.2% en septiembre de 2024 y 3.3% en diciembre de 2024, para luego estabilizarse en un modesto superávit de 0.5% en junio de 2025. Este cambio indica un retorno de los flujos netos de inversión extranjera directa, aunque las tendencias recientes de la Inversión Extranjera Directa (IED) a nivel general en Uruguay han mostrado fluctuaciones e incluso reducciones en años anteriores, lo que subraya la volatilidad de este componente. Por su parte, la inversión de cartera ha mostrado un comportamiento más errático, con saldos positivos y negativos que reflejan la sensibilidad a las condiciones del mercado financiero internacional y local.
En lo que respecta a la variación de activos de reserva, tras períodos de disminución en 2022 y principios de 2023, Uruguay experimentó una notable acumulación de reservas internacionales durante 2024, alcanzando valores positivos de hasta 4.1% del PIB en septiembre de ese año. Esta acumulación concuerda con la mejora general de la posición externa y la percepción de abundancia de reservas internacionales en el país en 2024 y 2025. Si bien el último dato a junio de 2025 muestra una variación de -0.1%, esto podría indicar una estabilización tras un período de fuerte crecimiento. Los flujos netos de capital se han mantenido positivos a lo largo de todo el período analizado, aunque con oscilaciones, lo que demuestra la capacidad del país para atraer y retener capital extranjero, un factor fundamental para la estabilidad macroeconómica.
En síntesis, la balanza de pagos de Uruguay en el segundo trimestre de 2025 revela una robusta mejora en la cuenta corriente, impulsada por un desempeño favorable del sector servicios y una moderación en el déficit de ingresos primarios. La cuenta financiera, por su parte, exhibe un cambio de tendencia significativo en la inversión directa, que, a pesar de la volatilidad histórica de la IED, ha contribuido a aliviar las presiones de financiamiento. Estos indicadores, sumados a la acumulación de reservas internacionales, dibujan un panorama de mayor resiliencia externa para la economía uruguaya.