El Banco Central del Uruguay ha presentado la última actualización del Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE), una herramienta clave para el monitoreo de corto plazo de la economía nacional. Este indicador, que se constituye como un adelanto del desempeño del Producto Interno Bruto, ofrece una visión mensual de la dinámica económica, permitiendo a analistas y policymakers evaluar con mayor frecuencia la trayectoria del país. Los datos más recientes, con corte a abril de 2025, delinean un panorama que merece un análisis pormenorizado.
La variación interanual del IMAE, que compara el nivel de actividad económica con el mismo mes del año anterior, exhibió en abril de 2025 un incremento del 1.3%. Este guarismo marca una notoria desaceleración respecto a los meses previos de 2025, donde los registros fueron del 3.8% en marzo, 3.0% en febrero y 3.5% en enero. Asimismo, contrasta significativamente con el dinamismo observado a mediados de 2024, cuando la economía uruguaya experimentó tasas de crecimiento interanual robustas, alcanzando picos del 6.5% en abril de 2024 y 6.4% en mayo de 2024. Esta merma en la tasa de crecimiento interanual sugiere una moderación en el ritmo de expansión económica al inicio del segundo trimestre de 2025.
Por otra parte, el componente de tendencia-ciclo del IMAE, que aísla la dinámica subyacente de la actividad económica de las fluctuaciones estacionales y aleatorias, ofrece una perspectiva complementaria. La variación mensual de este indicador se situó en 0.2% en abril de 2025, manteniéndose en el mismo nivel que en marzo. Si bien este valor es positivo, indica una modesta expansión subyacente. Cabe destacar que este componente experimentó una desaceleración hacia finales de 2024, llegando a registrar un 0.0% en diciembre de 2024 y una leve contracción del 0.1% en enero de 2025, antes de retomar una senda positiva, aunque contenida. La tendencia-ciclo mostró un mayor vigor en varios períodos de 2024, con variaciones mensuales de hasta 0.5%.
La lectura combinada de ambos indicadores revela una economía uruguaya que, tras un período de expansión interanual considerable en 2024, ha ingresado en una fase de crecimiento más templado. Si bien el componente de tendencia-ciclo, el cual refleja la tracción de fondo, sugiere una continuidad en la expansión, la notable reducción en la variación interanual del IMAE a 1.3% en abril de 2025 demanda atención. Esta cifra implica que la actividad económica, en términos comparativos anuales, ha perdido impulso.
Este panorama invita a una observación cautelosa. La ralentización en el crecimiento interanual podría estar influenciada por diversos factores, tanto de índole doméstica como externa, incluyendo posibles efectos de base, un menor dinamismo en la demanda interna o una coyuntura regional menos favorable. La habilidad de la economía uruguaya para sostener un crecimiento consistente en el mediano plazo dependerá de la evolución de estas variables y de la capacidad de adaptación frente a los desafíos que se presenten.