La actualización del Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) correspondiente a junio de 2025, divulgado por el Banco Central del Uruguay (BCU), brinda una panorámica esencial sobre el pulso de la economía charrúa. Este índice, de publicación más frecuente que el Producto Interno Bruto (PIB) trimestral, se erige como una herramienta clave para discernir las tendencias de corto plazo que moldean el panorama económico nacional.
En lo que respecta a la variación interanual del IMAE, el último dato de junio de 2025 sitúa el crecimiento en un 2,0%. Este registro se inscribe en una fase de moderación respecto a los impulsos más vigorosos observados en ciertos tramos del año previo. Tras un 2023 que exhibió una notable volatilidad, con variaciones que oscilaron entre caídas del -0,5% (julio) y repuntes del 5,1% (noviembre), el 2024 marcó un período de recuperación, destacándose crecimientos interanuales del 6,5% en abril y 6,4% en mayo. Sin embargo, hacia finales de 2024 y principios de 2025, la expansión comenzó a desacelerarse desde los picos, pasando de un 5,6% en setiembre de 2024 a un 1,9% en diciembre del mismo año. Los primeros meses de 2025, aunque positivos, muestran esta tendencia de moderación, con cifras que se estabilizan en el rango del 2% tras alcanzar el 3,8% en marzo de 2025. Esta trayectoria reciente sugiere una consolidación del crecimiento, aunque a un ritmo menos vertiginoso. Este desempeño se alinea con la expectativa de que la economía uruguaya ha logrado superar los impactos de crisis anteriores, como la sequía, con un sostenido buen desempeño en sectores clave como el agro, la industria y el comercio.
Por su parte, el componente de tendencia-ciclo del IMAE, que suaviza las fluctuaciones de corto plazo y estacionalidad para revelar el impulso subyacente de la actividad, se ubicó en un 0,1% de variación mensual en junio de 2025. Este indicador, que se mantuvo en 0,2% durante gran parte de 2023 y principios de 2024, alcanzando un pico de 0,5% en mayo de 2024, ha mostrado una leve pero persistente desaceleración hacia finales de 2024 y el primer semestre de 2025, estabilizándose en valores de 0,1% o 0,2%. Esta evolución sugiere que el crecimiento fundamental de la economía, despojado de ruidos coyunturales, avanza de forma positiva, aunque a una velocidad más contenida. La estabilidad en esta serie, con valores cercanos al potencial de crecimiento estimado para la economía uruguaya, indica que la actividad se encuentra en una fase de expansión madura, donde el dinamismo se manifiesta de forma más constante que con saltos abruptos.
En suma, el análisis de los datos del IMAE a junio de 2025 revela una economía uruguaya que, si bien modera el ritmo de expansión observado en los períodos de mayor recuperación, mantiene una senda de crecimiento sostenido. Ello invita a la cautela, pero sin obviar que la tendencia subyacente sigue siendo de expansión, un factor fundamental para la estabilidad y el desarrollo de la economía en el mediano plazo. Los desafíos residirán en consolidar esta dinámica positiva y potenciar aquellos sectores que aún puedan impulsar con mayor vigor la actividad económica nacional.