La actividad económica uruguaya exhibe señales de desaceleración en agosto de 2025, según la última actualización del Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) del Banco Central del Uruguay. Este indicador, crucial para comprender la evolución de la economía con mayor frecuencia que el Producto Interno Bruto (PIB) trimestral, registró una variación interanual de apenas 0,2% en agosto. Este dato representa una contracción notable frente al 1,9% de julio y se ubica significativamente por debajo de los ritmos de crecimiento observados en los meses anteriores.
Un análisis más profundo del IMAE revela que el componente de tendencia-ciclo, que suaviza las fluctuaciones estacionales e irregulares para captar el impulso subyacente de la economía, ha mostrado una variación mensual negativa de -0,1% en agosto de 2025. Esta es la tercera caída consecutiva en este indicador, tras registrar -0,1% en julio y -0,1% en junio, lo que sugiere una pérdida de dinamismo estructural en la actividad económica.
Esta desaceleración contrasta con las proyecciones iniciales de organismos internacionales y nacionales para 2025. Mientras el Banco Central del Uruguay había proyectado un crecimiento del 4% en el promedio anual para 2024 y 2025, y la CEPAL mejoró su estimación para Uruguay a un 2,8% de crecimiento del PIB en 2025, el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronosticó un 2,5%. Sin embargo, la realidad de agosto de 2025, con un IMAE interanual del 0,2%, indica que el ritmo actual está considerablemente por debajo de esas expectativas. De hecho, el Índice Líder de CERES (ILC) ya señalaba en agosto de 2025 un leve aumento del 0,1%, marcando el decimotercer mes consecutivo de expansión, pero con "señales claras de desaceleración".
La economía uruguaya, según diversos análisis, se encuentra en un contexto de "desaceleración del PIB, desafíos fiscales y poco dinamismo en consumo e inversión". El crecimiento observado a principios de 2025, que incluyó un buen primer trimestre, se ve ahora matizado por una base de comparación más alta, resultante de la finalización de grandes obras de infraestructura en 2024, como la tercera planta de celulosa y el ferrocarril central. El escaso dinamismo del mercado laboral y la débil recuperación de los salarios reales también contribuyen a una contención del consumo privado, factor clave en la moderación del crecimiento. A esto se suman los "duros desafíos fiscales", con un déficit que alcanzó el 4,4% del PBI en los doce meses cerrados a junio de 2025, debido a mayores gastos e inversiones del gobierno central y otras correcciones.
A pesar de este panorama de menor impulso, existen elementos que actúan como contrapeso. La inflación anual ha mostrado una tendencia a la baja, alcanzando un 4,2% en agosto de 2025, el nivel más bajo en un año. Esta disminución, atribuida principalmente a menores presiones en los precios de alimentos y transporte, ha permitido al Banco Central del Uruguay flexibilizar su política monetaria. El BCU recortó su tasa de interés en 25 puntos básicos en agosto, llevándola al 8,75%, la segunda reducción en poco más de un mes. Posteriormente, en octubre, hubo otro recorte de 50 puntos básicos, situando la tasa en 8,25%. En el ámbito del comercio exterior, las exportaciones uruguayas continuaron mostrando resiliencia, con un crecimiento interanual del 3,5% en agosto de 2025, impulsadas por la soja, la carne bovina y la celulosa.
En síntesis, los datos del IMAE para agosto de 2025 confirman que la economía uruguaya transita por un período de desaceleración. Si bien el sector externo y la política monetaria están reaccionando a los desafíos, el impulso interno parece debilitarse. Este escenario exige una lectura atenta de los indicadores futuros y podría requerir de reformas estructurales para revitalizar el crecimiento y superar la inercia de bajo dinamismo que ha caracterizado a la economía en ciertas etapas recientes.