Indicador mensual de la actividad económica - Noviembre 2025

Publicado el 31 de January, 2026 a las 04:00 Datos hasta 30/11/2025 Actividad económica

Los recientes datos del Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) del Banco Central del Uruguay (BCU) hasta noviembre de 2025 ofrecen una lectura detallada sobre la dinámica de la economía local, sugiriendo un claro enfriamiento de la actividad tras un período de recuperación. Este indicador, crucial para monitorear la economía entre las publicaciones trimestrales del Producto Interno Bruto (PIB), revela una pérdida significativa de impulso en el transcurso del año 2025.

Al analizar la variación interanual del IMAE, se observa una trayectoria marcada por la volatilidad y, más recientemente, por una desaceleración. Luego de un repunte notable a mediados de 2024, con tasas de crecimiento interanual del 6,4% en abril y 6,3% en mayo, la actividad económica uruguaya comenzó a moderar su ritmo. El último trimestre de 2024 cerró con un crecimiento interanual del 1,4% en diciembre, una cifra que ya anticipaba una menor efervescencia. Durante 2025, esta tendencia se acentuó de forma consistente. Si bien los primeros meses del año registraron expansiones interanuales del 3,7% en enero y 4,2% en marzo, la progresión fue a la baja en los meses subsiguientes, llegando a un modesto 0,3% en agosto y culminando en contracciones del 0,5% en octubre y 0,4% en noviembre. Esto indica que la economía uruguaya ha entrado en una fase de contracción interanual hacia el cierre de 2025, un viraje significativo respecto al dinamismo observado meses atrás.

La variación mensual del componente de tendencia-ciclo del IMAE refuerza esta percepción de pérdida de tracción. A lo largo de la mayor parte de 2024, este indicador se mantuvo en terreno positivo, señalando una expansión sostenida de la actividad mes a mes, con valores que oscilaron entre 0,3% y 0,5%. Sin embargo, al finalizar 2024, el impulso se estancó en 0,0% en diciembre, marcando un punto de inflexión. En 2025, la tendencia-ciclo mostró un leve resurgimiento en los primeros meses, manteniéndose en 0,1% entre febrero y mayo, pero posteriormente evidenció una erosión del dinamismo. A partir de julio, y hasta octubre de 2025, el indicador registró variaciones negativas o nulas (-0,1% en julio, agosto y septiembre, y -0,0% en octubre), lo que denota una contracción de la actividad económica subyacente en el corto plazo. El ligero repunte a 0,1% en noviembre de 2025, aunque positivo, ocurre después de varios meses de estancamiento o contracción, lo que sugiere que la recuperación del impulso es, por el momento, incipiente.

Este desempeño del IMAE se alinea con el consenso de analistas y organismos que anticipaban una desaceleración del PIB uruguayo en 2025. Diversos informes proyectaban un crecimiento más moderado, cercano al 2,1%-2,6%, advirtiendo sobre un "cuasi estancamiento" de la actividad en la segunda mitad del año. La economía ha pasado de "ir de más a menos" durante 2025, según algunas evaluaciones. Esta moderación se explica por una combinación de factores internos y externos.

A nivel interno, la inversión ha mostrado un dinamismo limitado, mientras que sectores como la manufactura y la construcción registraron contracciones interanuales en el tercer trimestre de 2025. A su vez, la fortaleza del peso uruguayo frente al dólar durante 2025, con una apreciación de la moneda local del 11%, ha generado preocupación entre los exportadores, afectando la competitividad y, potencialmente, las decisiones de inversión y empleo en sectores clave. Este escenario de apreciación cambiaria, sumado a una inflación que cerró 2025 en un inusualmente bajo 3,65%, por debajo incluso del rango meta del Banco Central, ha llevado a la autoridad monetaria a implementar recortes significativos en la tasa de interés de referencia para mitigar los riesgos de una inflación excesivamente baja y mejorar la competitividad.

A pesar de la desaceleración, el consumo doméstico y el sector externo, impulsado por exportaciones de carne y celulosa, así como el turismo, han ofrecido cierto soporte. La recuperación del salario real, favorecida por la baja inflación, también ha contribuido a sostener el gasto de los hogares. Sin embargo, la persistencia de un déficit fiscal elevado, estimado en torno al 4,5%-4,7% del PIB en 2025, continúa siendo un "talón de Aquiles" para la economía uruguaya, limitando el margen de acción del gobierno para estimular la demanda agregada.

En síntesis, los últimos datos del IMAE confirman que la economía uruguaya transitó un 2025 con una clara desaceleración, perdiendo el dinamismo que caracterizó la recuperación post-pandemia. El desafío para 2026 será revertir esta tendencia, abordando las restricciones estructurales, fomentando la inversión y garantizando la competitividad, en un contexto global que sigue presentando incertidumbre.